
Mientras el mundo hablaba de Wikileaks, Estados Unidos vivía el debate más interesante desde las elecciones de noviembre: debían decidir qué hacer con los recortes de impuestos del presidente Bush.
En 2001, Bush heredó un país con superávit. El mejor modo de aprovecharlo, creyó, era repartir esa riqueza extra que tenía el gobierno entre todos los americanos: recortó los impuestos durante diez años, hasta este 31 de diciembre.
Si no se hacía nada, el 1 de enero de 2011 los impuestos subirían al nivel en el que estaban antes del recorte. Desde su elección, Obama ha intentado que el Congreso pasara la ampliación del recorte para todos los americanos menos para las familias que ganaran más de 250 mil dólares al año. Son un 2 por ciento. Los republicanos se negaban.
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